David Byrne tampoco duerme nunca, con el permiso de Craig Armstrong

Wall Street: el dinero nunca duerme (Wall Street: Money Never Sleeps, 2010, Oliver Stone) consigue un éxito de público que Oliver Stone no disfrutaba desde los tiempos de Un domingo cualquiera (Any Given Sunday, 1999, Oliver sotne), lástima que el éxito sólo se produzca a un nivel económico.

Quizás Wall Street: Money never Sleeps sólo nos lleve de la fiesta a la quiebra, sin llegar a ofrecer todo lo que prometía en un principio, pero merece la pena fijar la atención sobre uno de los elementos más interesantes: su banda sonora.

Buscando una continuidad con su precedente, Wall Street (1987), Oliver Stone rescata una canción de aparecía en su película de 1987, This Must be The Place (Naive Melody), interpretada por Talking Heads y compuesta por el músico de origen escocés, David Byrne, quien inunda la banda sonora de la secuela con varios temas en los que colabora con Brian Eno, robándole el protagonismo a Craig Armstrong, compositor de la partitura original.

De origen también escocés, Craig Armstrong es un discreto compositor y productor musical con una acusada predilección por la música electrónica. Lo de discreto no lo digo con relación a su música o su persona, sino a que sabe ceder protagonismo a temas originales de otros autores incluidos en las bandas sonoras de las que se ha encargado, tal y como sucede en el caso de Wall Street: Money Never Sleeps o en trabajos previos como Romeo + Julieta (Romeo + Juliet, 1996, Baz Luhrman), Moulin Rouge (2001, Baz Luhrman), Ray (2004, Taylor Hackford) o Tomb Raider (Lara Croft: Tomb Rider, 2001, SimonWest) y su secuela, de las que antes de acordarnos de la partitura original, nos vendrán a la memoria las canciones incluidas en la banda sonora en cuya recopilación y producción probablemente tuviera mucho que ver el propio Craig Armstrong, quien de hecho ha producido y trabajado con artistas como U2, Madonna, Luciano Pavarotti y, sobre todo, Massive Attack.

Ya compusiera la partitura de World Trade Center (2006) para Oliver Stone, además de ser el autor de todas las bandas sonoras de las películas de Peter Mullen —hasta la fecha—, y de filmes como El increíble Hulk (The Incredible Hulk, 2008, Louis Leterrier), Elizabeth, la edad de oro (Elizabeth: The goleen age, 2007, Shekhar Kapur), Love Actually (2003, Richard Curtis), El americano impasible (The Quiet American, 2002, Phillip Noyce), El beso del dragón (Kiss of the Dragon, 2001, Chris Nahon), El coleccionista de huesos (The Bone Collector, 1999, Phillip Noyce) o la que fuera uno de sus primeros éxitos Plunkett & Macleane (1999, Jake Scott), de la que el tema Escape se utiliza frecuentemente en tráilers y eventos deportivos gracias a ese crescendo musical con coro épico exaltador, al menos en las televisiones británicas.

Los tres temas de Armstrong incluidos en la banda sonora editada por Todo Mundo responden a las tres características principales de su música:

  • Prison, un tema completamente clásico, suave e intimista salpicado con algún toque electrónico que parece intentar ligar el pasado con el presente al ilustrar la salida de la cárcel de Gordon Gekko (Michael Douglas), que tendrá que enfrentarse a un mundo que ha evolucionado tanto como su teléfono móvil;

  • Money, totalmente contaminado por los sonidos electrónicos que van asociados a las nuevas tecnologías y el ritmo del nuevo mundo en el que “todo” es electrónico, hasta el dinero;

  • Helicopter Reveal, contiene tanto ecos de la estructura épica de su famoso tema Eclipse, aunque deja escapar acordes y ecos de Weather Storm, aquel tema que compusiera para Massive Attack, incluido en su álbum Protection, que después incluiría Armstrong en un álbum propio, Space Between Us, publicado en 1998.

Pero la verdad es que el protagonismo de esta banda sonora se lo lleva los temas de David Byrne, músico y compositor de origen escocés, aunque ha vivido desde los 9 años en los Estados Unidos, donde fuera miembro de Talking Heads, ecléctica banda de rock que supo absorber influencias del punk, pop, funk, avant-garde, y, especialmente folk, prestando gran atención a los sonidos étnicos y orgánicos. Influencias que también emergen en las composiciones que el propio David Byrne desarrolla en solitario o, incluso, en las bandas sonoras que compone, de las que El último emperador (The Last Emperor, 1987, Bernardo Bertolucci) es la más conocida y aclamada, por la que obtuviera un Oscar de la academia junto a Ryuichi Sakamoto, quien paradójicamente compusiera la parte más occidental de la partitura, mientras que la de Byrne se reconociera por su carácter más oriental.

Ya su banda, Talking Heads, fuera objeto de culto en la grabación de uno de sus conciertos por Jonathan Demme, que se estrenaría en salas comerciales con el título de Stop Making Sense (1984), en la que ya aparece el tema incluido en las dos películas de Oliver Stone. Además, muchos de sus temas se incluyen en bandas sonoras de películas como El rey de la comedia (The King of the Comedy, 1982, Martin Scorsese), Risky Business (1983, Paul Brickman), La revancha de los novatos (Revenge of the Nerds, 1984, Jeff Kanew), Hasta el fin de mundo (Until the End of the World, 1991, Wim Wenders) y hasta algo más de 50 proyectos audiovisuales. El propio David Byrne además de componer, también dirige proyectos independientes como True Stories (1986, David Byrne) en los que destacan sus propios temas musicales.

De entre los temas que se incluyen en la banda sonora, se reconocen dos bloques, por un lado los temas que realiza en colaboración con Brian Eno, canciones vocales, baladas clásicas a mitad de camino entre el pop y el rock, con algún toque country, a las que David Byrne pone voz:

  • Home,

  • Life is Long,

  • Strange Overtones,

  • My Big Nurse y

Por último, tres temas compuestos exclusivamente por David Byrne:

  • Tiny Apocalypse, que sigue en la misma línea que los realizados en colaboración con Brian Eno;

  • Lazy, el el que nos encontramos un tema mucho más atrevido con una larga introducción en clave de rock sinfónico, para romper después con un pop más discotequero al que acaba por introducir toques electrónicos;

  • Sleeping Up, exclusivamente instrumental, un tema cuyos sonidos repetitivos y minimalistas pudieran hacernos pensar que estamos escuchando música electrónica aunque, salvo excepciones, se trata mayormente de percusiones y sonidos de cuerda tamizados por sintetizadores para darles ese aire tan psicodélico y atractivo que se extiende a lo largo de 12 intensos minutos.

Y todo esto además de una larga lista de música diegética que incluye, entre otros, los siguientes temas:

  • Beatin’ Down The Block (Basko feat. Nomadik & Classic)
  • Reality Check (Stigmato)
  • Is It Really Possible (Cato remix) (Wet Cookies)
  • Diamond Belly Button (Speed Caravan)
  • Alright, alright (Seaside Remix) (Centric House)
  • I Be Doin’ It (Classic)
  • Sonata para Piano #8 pathetique adagio cantabile (Beethoven) (Alice Burla)
  • Ball (Craig Armstrong)
  • Everything That Happens (David Byrne and Brian Eno)
  • Ricochet (Shiny Toy Guns)
  • Dekha (Ali Zafar)

Una opinión de Luis M. Álvarez, publicada originalmente en EXTRACINE

Compartir en Facebook Compartir en Twitter
Escrito por: